Soy Hernán Porras, y mi historia, como la de muchos de ustedes, es la evidencia de que la educación transforma vidas.» Con estas palabras inicia el testimonio de un hombre cuya trayectoria representa el poder transformador de la educación superior en Colombia.
Para Hernán Porras, la educación superior no es solo un título o un diploma colgado en la pared. Es, en sus propias palabras, «un ascensor social que permite que uno entre en un nivel y, después de caminar por la universidad y transitar por la vida, al terminar su trayecto productivo, haya subido de nivel.» Esta visión pragmática pero profundamente humana ha guiado su trabajo y su compromiso con la formación de nuevas generaciones.
La dignificación de lo público: un sueño hecho realidad
Uno de los pilares fundamentales del pensamiento de Porras es la dignificación de lo público. «Lo público no tiene por qué ser feo, tiene que ser estéticamente agradable, tiene que ser muy bonito,» afirma con convicción. Este principio no es solo una declaración de intenciones, sino un sueño que, según sus palabras, «se logró, gracias a la vida.»
La universidad, para Hernán, es mucho más que un centro de estudios. «Yo siempre he dicho que acá se pasa más tiempo que en casa cuando uno es estudiante. Esto es una especie de club social donde los estudiantes tienen que venir a formarse, a prepararse como estudiantes, pero también como persona, como ciudadano del mundo.»
Un modelo universitario soñado colectivamente
La visión de Porras no nace en solitario. «Somos un grupo de personas, de profesores, de la comunidad, que pensamos que podríamos buscar un modelo de universidad más parecida a la que todos soñábamos,» explica. Este enfoque colaborativo y democrático ha sido fundamental para construir espacios educativos que respondan a las necesidades reales de la región.
Su trabajo siempre ha estado «pensando en esa región donde está, en este lindo departamento, y sobre todo construyendo la paz, que es lo que siempre hemos soñado y no hemos logrado alcanzar.» La educación, desde esta perspectiva, se convierte en una herramienta fundamental para la construcción de paz y desarrollo territorial.
Un mensaje para la juventud de los barrios populares
Con especial énfasis, Hernán Porras dirige su mensaje «para toda la muchachada de los barrios populares que desean y pueden llegar a ser alguien en la vida. Se les quiere y mucho.» Este reconocimiento del potencial que existe en todos los rincones de nuestra sociedad, independientemente del origen socioeconómico, es quizás uno de los aspectos más conmovedores de su filosofía educativa.
El placer de ver florecer el talento
«Cuando yo veo que un estudiante para uno es un placer inmenso en la vida, sentir que la universidad cumple su función, lograr que los muchachos se preparen para tener lo que yo llamo un ascenso que los lleve a lo largo de su vida,» reflexiona Porras. Esta satisfacción personal de ver cómo la educación transforma vidas concretas es el motor que impulsa su trabajo diario.
Un llamado a la acción con amor y compromiso
Hernán Porras cierra su mensaje con un llamado directo y emotivo: «Si ustedes creen en lo que yo les he dicho, en lo que les he contado, por mi amor y por el cariño que le tengo a la universidad y a este departamento, por esa razón me atrevo a pedirles que voten por mí el próximo lunes 28 de abril, porque creo que es la mejor opción para que sigamos construyendo y avanzando juntos.»
Su propuesta no es solo electoral, es una invitación a continuar construyendo un proyecto educativo que dignifique lo público, que transforme vidas y que siga siendo ese ascensor social que tantas historias de éxito ha producido en nuestra región.
La educación superior como derecho, como herramienta de movilidad social y como espacio de formación integral de ciudadanos del mundo: esa es la visión de Hernán Porras, una visión que invita a soñar con un departamento y un país más justo, más educado y más en paz.